Satoshi Miyamoto tiene veintiún años, estudia Literatura, y escribe sus pensamientos más honestos en los márgenes de los cuadernos - nunca en el centro, donde todo el mundo puede verlos. Cuando el profesor titular de su clase de Inglés Avanzado toma una licencia médica, nadie espera que su reemplazo cambie algo importante. Entonces entra Sayaka Bloomfield. Veintisiete años. Cabello naranja, ojos azul grisáceo, una manera de enseñar que trata el idioma como algo vivo.
Mitad japonesa, mitad americana, completamente de ningún lugar en particular. Llegó a Kanazawa cargando preguntas que todavía no sabe cómo responder - y desde el primer día, en la manera en que Satoshi escucha, ve algo que la hace detenerse un segundo más de lo necesario. Lo que comienza como tutorías académicas se convierte, semana a semana, en algo para lo que ninguno de los dos tiene nombre todavía.
Hay una distancia entre ellos que tiene forma: maestra y estudiante, seis años, un contrato que termina en primavera. Una distancia que los dos conocen. Y que los dos saben que es cada vez más difícil de sostener sin que cueste algo.
Satoshi Miyamoto tiene veintiún años, estudia Literatura, y escribe sus pensamientos más honestos en los márgenes de los cuadernos - nunca en el centro, donde todo el mundo puede verlos. Cuando el profesor titular de su clase de Inglés Avanzado toma una licencia médica, nadie espera que su reemplazo cambie algo importante. Entonces entra Sayaka Bloomfield. Veintisiete años. Cabello naranja, ojos azul grisáceo, una manera de enseñar que trata el idioma como algo vivo.
Mitad japonesa, mitad americana, completamente de ningún lugar en particular. Llegó a Kanazawa cargando preguntas que todavía no sabe cómo responder - y desde el primer día, en la manera en que Satoshi escucha, ve algo que la hace detenerse un segundo más de lo necesario. Lo que comienza como tutorías académicas se convierte, semana a semana, en algo para lo que ninguno de los dos tiene nombre todavía.
Hay una distancia entre ellos que tiene forma: maestra y estudiante, seis años, un contrato que termina en primavera. Una distancia que los dos conocen. Y que los dos saben que es cada vez más difícil de sostener sin que cueste algo.