Hiroshi Tanaka tenía una sola misión aquella noche: ganar una apuesta estúpida en el cementerio. El ritual que encontró en internet era un desastre -el círculo de sal torcido, el latín impronunciable, una frase de anime como invocación de poder- y no pasó nada. Hasta que a la mañana siguiente encontró a una desconocida en su cocina preparando desayuno inglés completo. Evangeline de Morneval lleva doscientos años en el servicio doméstico.
Es puntual, meticulosa, imposible de despedir, y tiene la costumbre ocasional de perder partes de su cuerpo en los lugares más inconvenientes. Ahora vive en un departamento de cuarenta metros cuadrados con un estudiante de secundaria que no sabe hervir arroz y que, para su sorpresa, tampoco sabe cómo deshacerse de ella. La Sirvienta del Inframundo es una comedia de convivencia sobre dos personas completamente incompatibles que aprenden, sin haberlo planeado, lo que significa cuidar un espacio y a alguien dentro de él.
Hiroshi Tanaka tenía una sola misión aquella noche: ganar una apuesta estúpida en el cementerio. El ritual que encontró en internet era un desastre -el círculo de sal torcido, el latín impronunciable, una frase de anime como invocación de poder- y no pasó nada. Hasta que a la mañana siguiente encontró a una desconocida en su cocina preparando desayuno inglés completo. Evangeline de Morneval lleva doscientos años en el servicio doméstico.
Es puntual, meticulosa, imposible de despedir, y tiene la costumbre ocasional de perder partes de su cuerpo en los lugares más inconvenientes. Ahora vive en un departamento de cuarenta metros cuadrados con un estudiante de secundaria que no sabe hervir arroz y que, para su sorpresa, tampoco sabe cómo deshacerse de ella. La Sirvienta del Inframundo es una comedia de convivencia sobre dos personas completamente incompatibles que aprenden, sin haberlo planeado, lo que significa cuidar un espacio y a alguien dentro de él.