Alys es una sacerdotisa asignada al cargo más solitario de su orden: vigilar a un demonio encadenado bajo tierra desde hace un siglo. Las reglas son simples. No hablar. No preguntar. No dudar. Las rompe todas. Mientras más tiempo pasa en la oscuridad del santuario, más preguntas le hace al prisionero y menos respuestas encuentra en los libros que la criaron. Lo que descubre amenaza con destruir todo en lo que creyó, incluyendo la razón por la que entró a la Iglesia en primer lugar.
Sephirot lleva cien años esperando que alguien baje las escaleras y mire las paredes. No esperaba que esa persona fuera ella.
Alys es una sacerdotisa asignada al cargo más solitario de su orden: vigilar a un demonio encadenado bajo tierra desde hace un siglo. Las reglas son simples. No hablar. No preguntar. No dudar. Las rompe todas. Mientras más tiempo pasa en la oscuridad del santuario, más preguntas le hace al prisionero y menos respuestas encuentra en los libros que la criaron. Lo que descubre amenaza con destruir todo en lo que creyó, incluyendo la razón por la que entró a la Iglesia en primer lugar.
Sephirot lleva cien años esperando que alguien baje las escaleras y mire las paredes. No esperaba que esa persona fuera ella.