SOLDES
Jusqu'à -70% sur une sélection d'articles*
Nouveauté
El animal y el santo: evolución, moral y civilización
Par :Formats :
Disponible dans votre compte client Decitre ou Furet du Nord dès validation de votre commande. Le format ePub est :
- Compatible avec une lecture sur My Vivlio (smartphone, tablette, ordinateur)
- Compatible avec une lecture sur liseuses Vivlio
- Pour les liseuses autres que Vivlio, vous devez utiliser le logiciel Adobe Digital Edition. Non compatible avec la lecture sur les liseuses Kindle, Remarkable et Sony
, qui est-ce ?Notre partenaire de plateforme de lecture numérique où vous retrouverez l'ensemble de vos ebooks gratuitement
Pour en savoir plus sur nos ebooks, consultez notre aide en ligne ici
- FormatePub
- ISBN8235679276
- EAN9798235679276
- Date de parution04/07/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurIoakim Ioakim
Résumé
Solemos pensar que una sociedad sana es una sociedad reconciliada consigo misma, unificada en torno a principios claros, sin fisuras ideológicas ni conflictos morales profundos. La imagen implícita es la de un organismo cuyos órganos funcionan armónicamente hacia un fin común. Pero esta metáfora orgánica, tan cara al pensamiento conservador clásico como al utopismo revolucionario, oscurece más de lo que ilumina.
Las sociedades humanas se parecen menos a organismos y más a ecosistemas: sistemas complejos en los que múltiples fuerzas coexisten, compiten, cooperan y se equilibran mutuamente sin llegar nunca a un reposo definitivo. Una civilización dinámica es aquella capaz de alojar simultáneamente al santo y al héroe, al asceta y al comerciante, al filósofo contemplativo y al inventor ambicioso, al defensor de los débiles y al promotor de la excelencia.
Ninguno de estos personajes podría, por sí solo, sostener una sociedad viable. El santo puro produciría una comunidad piadosa pero incapaz de defenderse, innovar o generar riqueza. El héroe puro produciría una aristocracia guerrera brillante pero incapaz de integrar a los débiles, cuidar de los enfermos o cultivar la paz duradera. Toda civilización histórica ha necesitado ambos, y ha tenido que inventar mecanismos -religiosos, políticos, jurídicos, económicos- para que ambos convivieran sin destruirse.
La tesis puede formularse aún de otro modo: las contradicciones morales de una sociedad no son un defecto que deba corregirse, sino una condición de posibilidad de su continuidad. Cuando una civilización elimina sus tensiones internas -ya sea imponiendo una moral única por vía autoritaria, ya sea disolviendo toda moral en un relativismo indiferente- pierde su capacidad de autocorrección. Las tensiones son, entre otras cosas, mecanismos de retroalimentación: cuando el impulso competitivo se desboca, la ética de la compasión actúa como freno; cuando el impulso solidario amenaza con paralizar la iniciativa, el impulso aristocrático hacia la excelencia reactiva la energía creadora.
Cada polo corrige los excesos del otro, y esta corrección mutua constituye el motor invisible del dinamismo civilizatorio.
Las sociedades humanas se parecen menos a organismos y más a ecosistemas: sistemas complejos en los que múltiples fuerzas coexisten, compiten, cooperan y se equilibran mutuamente sin llegar nunca a un reposo definitivo. Una civilización dinámica es aquella capaz de alojar simultáneamente al santo y al héroe, al asceta y al comerciante, al filósofo contemplativo y al inventor ambicioso, al defensor de los débiles y al promotor de la excelencia.
Ninguno de estos personajes podría, por sí solo, sostener una sociedad viable. El santo puro produciría una comunidad piadosa pero incapaz de defenderse, innovar o generar riqueza. El héroe puro produciría una aristocracia guerrera brillante pero incapaz de integrar a los débiles, cuidar de los enfermos o cultivar la paz duradera. Toda civilización histórica ha necesitado ambos, y ha tenido que inventar mecanismos -religiosos, políticos, jurídicos, económicos- para que ambos convivieran sin destruirse.
La tesis puede formularse aún de otro modo: las contradicciones morales de una sociedad no son un defecto que deba corregirse, sino una condición de posibilidad de su continuidad. Cuando una civilización elimina sus tensiones internas -ya sea imponiendo una moral única por vía autoritaria, ya sea disolviendo toda moral en un relativismo indiferente- pierde su capacidad de autocorrección. Las tensiones son, entre otras cosas, mecanismos de retroalimentación: cuando el impulso competitivo se desboca, la ética de la compasión actúa como freno; cuando el impulso solidario amenaza con paralizar la iniciativa, el impulso aristocrático hacia la excelencia reactiva la energía creadora.
Cada polo corrige los excesos del otro, y esta corrección mutua constituye el motor invisible del dinamismo civilizatorio.






















