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La última frontera: empresa, geopolítica e inteligencia artificial
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- FormatePub
- ISBN8235732728
- EAN9798235732728
- Date de parution13/06/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurIoakim Ioakim
Résumé
LA DIALÉCTICA DEL ORDEN Y EL ABISMOLa historia de la humanidad puede leerse como un relato persistente y obsesivo de lucha contra lo imprevisto. Desde el momento en que el primer homínido decidió cercar un terreno o el primer jefe tribal estableció una norma de convivencia, el impulso fundamental de la civilización ha sido el mismo: la domesticación del caos. Vivir en un estado de incertidumbre absoluta es, para el ser humano, una condición biológicamente insostenible; el miedo al riesgo, a la violencia azarosa y a la escasez impredecible ha sido el motor que ha impulsado la creación de cada una de nuestras instituciones.
En este sentido, la historia de la civilización no es otra cosa que la crónica de un proceso de racionalización creciente, un esfuerzo titánico por sustituir el azar por el cálculo, y la contingencia por la norma. Llamamos « civilización » a ese conjunto de mecanismos -leyes, arquitecturas, religiones, burocracias y tecnologías- destinados a reducir la entropía del entorno. La racionalización, en términos weberianos, es el proceso mediante el cual las acciones humanas dejan de guiarse por la tradición, el misticismo o la emoción impulsiva para basarse en el cálculo instrumental y la eficiencia.
Hemos construido ciudades para protegernos de la naturaleza salvaje, hemos redactado códigos legales para evitar que la justicia sea el capricho del más fuerte, y hemos creado sistemas financieros para intentar predecir el valor del futuro. En esencia, hemos intentado convertir el mundo en un reloj: un mecanismo previsible donde cada causa tenga un efecto medible y donde el riesgo pueda ser asegurado, diversificado o eliminado.
Sin embargo, este proyecto de control total es, por definición, incompleto. A medida que el tejido de la administración se extendía sobre la superficie de la tierra, creando zonas de seguridad y estabilidad, surgían inevitablemente los « espacios de excepción ». Siempre han existido fronteras -geográficas, conceptuales o existenciales- que han permanecido relativamente inmunes al control administrativo.
Estos son los espacios donde la racionalidad instrumental colapsa y donde el individuo vuelve a enfrentarse al abismo en su estado más puro. Históricamente, tres de estos espacios han destacado por su resistencia a la domesticación: la guerra, la exploración y, en la era moderna, la empresa capitalista. La guerra, a pesar de los intentos de la « estratégica militar » por convertirla en una ciencia, sigue siendo el terreno del fog of war (la niebla de la guerra), donde un evento insignificante puede cambiar el destino de un imperio.
La exploración, por su parte, es el acto deliberado de adentrarse en lo no mapeado, donde el mapa deja de existir y el sujeto debe navegar basándose únicamente en la intuición y el valor. Y finalmente, la empresa capitalista, especialmente en su fase de innovación disruptiva, opera en un territorio de incertidumbre radical. El emprendedor no se enfrenta a un « riesgo » (que es una probabilidad calculable), sino a una « incertidumbre » (que es la ausencia total de datos sobre el futuro).
Es precisamente en estos intersticios del control donde emerge una figura recurrente, un arquetipo que ha mutado a través de los siglos pero que conserva la misma esencia psíquica y social. Aquí es donde planteamos la hipótesis central de este trabajo: el empresario moderno no es un producto puramente técnico de la economía de mercado, sino que constituye la transformación histórica del guerrero, el aventurero y el conquistador de épocas anteriores.
En este sentido, la historia de la civilización no es otra cosa que la crónica de un proceso de racionalización creciente, un esfuerzo titánico por sustituir el azar por el cálculo, y la contingencia por la norma. Llamamos « civilización » a ese conjunto de mecanismos -leyes, arquitecturas, religiones, burocracias y tecnologías- destinados a reducir la entropía del entorno. La racionalización, en términos weberianos, es el proceso mediante el cual las acciones humanas dejan de guiarse por la tradición, el misticismo o la emoción impulsiva para basarse en el cálculo instrumental y la eficiencia.
Hemos construido ciudades para protegernos de la naturaleza salvaje, hemos redactado códigos legales para evitar que la justicia sea el capricho del más fuerte, y hemos creado sistemas financieros para intentar predecir el valor del futuro. En esencia, hemos intentado convertir el mundo en un reloj: un mecanismo previsible donde cada causa tenga un efecto medible y donde el riesgo pueda ser asegurado, diversificado o eliminado.
Sin embargo, este proyecto de control total es, por definición, incompleto. A medida que el tejido de la administración se extendía sobre la superficie de la tierra, creando zonas de seguridad y estabilidad, surgían inevitablemente los « espacios de excepción ». Siempre han existido fronteras -geográficas, conceptuales o existenciales- que han permanecido relativamente inmunes al control administrativo.
Estos son los espacios donde la racionalidad instrumental colapsa y donde el individuo vuelve a enfrentarse al abismo en su estado más puro. Históricamente, tres de estos espacios han destacado por su resistencia a la domesticación: la guerra, la exploración y, en la era moderna, la empresa capitalista. La guerra, a pesar de los intentos de la « estratégica militar » por convertirla en una ciencia, sigue siendo el terreno del fog of war (la niebla de la guerra), donde un evento insignificante puede cambiar el destino de un imperio.
La exploración, por su parte, es el acto deliberado de adentrarse en lo no mapeado, donde el mapa deja de existir y el sujeto debe navegar basándose únicamente en la intuición y el valor. Y finalmente, la empresa capitalista, especialmente en su fase de innovación disruptiva, opera en un territorio de incertidumbre radical. El emprendedor no se enfrenta a un « riesgo » (que es una probabilidad calculable), sino a una « incertidumbre » (que es la ausencia total de datos sobre el futuro).
Es precisamente en estos intersticios del control donde emerge una figura recurrente, un arquetipo que ha mutado a través de los siglos pero que conserva la misma esencia psíquica y social. Aquí es donde planteamos la hipótesis central de este trabajo: el empresario moderno no es un producto puramente técnico de la economía de mercado, sino que constituye la transformación histórica del guerrero, el aventurero y el conquistador de épocas anteriores.





















