Las democracias contemporáneas podrían estar desarrollando una forma emergente de gerontocracia, no como resultado de una conspiración deliberada, sino como consecuencia de la interacción entre envejecimiento demográfico, acumulación patrimonial, estructuras institucionales y flujos migratorios. Esta conclusión no es meramente descriptiva: contiene un diagnóstico sobre la naturaleza misma del conflicto social en el siglo XXI y plantea interrogantes fundamentales sobre la viabilidad de nuestras instituciones políticas y económicas.
La cuestión ya no es únicamente quién posee los medios de producción, sino quién posee el tiempo futuro de una sociedad.
Las democracias contemporáneas podrían estar desarrollando una forma emergente de gerontocracia, no como resultado de una conspiración deliberada, sino como consecuencia de la interacción entre envejecimiento demográfico, acumulación patrimonial, estructuras institucionales y flujos migratorios. Esta conclusión no es meramente descriptiva: contiene un diagnóstico sobre la naturaleza misma del conflicto social en el siglo XXI y plantea interrogantes fundamentales sobre la viabilidad de nuestras instituciones políticas y económicas.
La cuestión ya no es únicamente quién posee los medios de producción, sino quién posee el tiempo futuro de una sociedad.