La tesis que articula este ensayo es la siguiente: el auge actual de la inteligencia artificial no inaugura un nuevo ciclo tecnoeconómico, sino que representa la culminación y el punto más especulativo de la fase de instalación del paradigma tecnológico digital que comenzó con la microelectrónica en los años setenta. Estamos viviendo, según esta lectura, el momento de máxima hegemonía del capital financiero sobre este paradigma, un momento marcado por valoraciones bursátiles desconectadas de beneficios reales, por la concentración extrema del conocimiento y el poder tecnológico en un puñado de corporaciones, por el ensanchamiento de las brechas de desigualdad entre quienes controlan la IA y quienes serán afectados por ella, y-lo más significativo-por la ausencia de un marco institucional, regulatorio y social capaz de orientar esta tecnología hacia el bienestar colectivo en lugar de hacia la acumulación financiera privada.
Si esta tesis es correcta, las implicaciones son profundas. Significa que la actual euforia especulativa alrededor de la IA, lejos de ser irracional o aberrante, cumple una función histórica necesaria dentro de la lógica del capitalismo tecnológico: acelera la construcción de la infraestructura-en este caso, la infraestructura computacional, algorítmica y de datos-que será la base material del próximo periodo de crecimiento.
Pero también significa que nos encontramos al borde de un punto de inflexión inevitable, un "turning point" en la terminología de Pérez, donde esta fase especulativa deberá dar paso-probablemente a través de alguna forma de crisis-a una reestructuración institucional que permita finalmente el despliegue productivo y socialmente beneficioso de la inteligencia artificial.
La tesis que articula este ensayo es la siguiente: el auge actual de la inteligencia artificial no inaugura un nuevo ciclo tecnoeconómico, sino que representa la culminación y el punto más especulativo de la fase de instalación del paradigma tecnológico digital que comenzó con la microelectrónica en los años setenta. Estamos viviendo, según esta lectura, el momento de máxima hegemonía del capital financiero sobre este paradigma, un momento marcado por valoraciones bursátiles desconectadas de beneficios reales, por la concentración extrema del conocimiento y el poder tecnológico en un puñado de corporaciones, por el ensanchamiento de las brechas de desigualdad entre quienes controlan la IA y quienes serán afectados por ella, y-lo más significativo-por la ausencia de un marco institucional, regulatorio y social capaz de orientar esta tecnología hacia el bienestar colectivo en lugar de hacia la acumulación financiera privada.
Si esta tesis es correcta, las implicaciones son profundas. Significa que la actual euforia especulativa alrededor de la IA, lejos de ser irracional o aberrante, cumple una función histórica necesaria dentro de la lógica del capitalismo tecnológico: acelera la construcción de la infraestructura-en este caso, la infraestructura computacional, algorítmica y de datos-que será la base material del próximo periodo de crecimiento.
Pero también significa que nos encontramos al borde de un punto de inflexión inevitable, un "turning point" en la terminología de Pérez, donde esta fase especulativa deberá dar paso-probablemente a través de alguna forma de crisis-a una reestructuración institucional que permita finalmente el despliegue productivo y socialmente beneficioso de la inteligencia artificial.