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Agentes y trabajo: el nuevo umbral de la IA
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- FormatePub
- ISBN8233212185
- EAN9798233212185
- Date de parution16/03/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurLinda Balsamo
Résumé
Hay algo profundamente revelador en la manera en que las sociedades contemporáneas reaccionan ante la inteligencia artificial: con una mezcla de fascinación súbita y vértigo existencial, como si el fenómeno hubiera aparecido de la nada, sin aviso, sin genealogía. Esta sensación de ruptura abrupta -de que algo fundamental cambió de un día para otro- es, en sí misma, el primer síntoma que vale la pena diagnosticar.
Porque el asombro, cuando se convierte en ideología, nubla más de lo que ilumina. La ilusión de la aceleración súbita Vivimos instalados en lo que podría llamarse la fenomenología del umbral: la experiencia subjetiva de haber cruzado, de golpe, una frontera invisible. En 2022, millones de personas interactuaron por primera vez con sistemas capaces de mantener conversaciones coherentes, generar imágenes fotorrealistas o escribir código funcional.
La reacción dominante fue la del asombro genuino, casi infantil. Las redes sociales se llenaron de capturas de pantalla como si fueran reliquias de un primer contacto con algo radicalmente otro. Sin embargo, esta experiencia de lo súbito es, en gran medida, una ilusión cognitiva producida por la naturaleza misma del crecimiento exponencial. Una curva exponencial tiene una propiedad desconcertante: durante larguísimos períodos, parece plana, casi estática, y luego -sin transición aparente- se dispara verticalmente.
Para quien la observa desde dentro del tiempo, sin la perspectiva del gráfico completo, esa inflexión parece un salto. Pero no lo es. Es simplemente el momento en que la acumulación silenciosa se vuelve visible a escala humana. Los fundamentos de lo que hoy llamamos IA generativa llevan décadas construyéndose: la retropropagación del error en los años ochenta, las redes convolucionales de los noventa, el aprendizaje profundo que ganó su primera competición de reconocimiento de imágenes en 2012, la arquitectura transformer publicada en 2017, los modelos de lenguaje que crecieron de millones a billones de parámetros entre 2018 y 2022.
Cada uno de esos pasos fue incremental. Lo que ocurrió después no fue un milagro sino una acumulación que alcanzó masa crítica. El asombro contemporáneo es real como experiencia, pero falso como diagnóstico. Confunde el momento en que algo se vuelve perceptible con el momento en que algo comienza a existir.
Porque el asombro, cuando se convierte en ideología, nubla más de lo que ilumina. La ilusión de la aceleración súbita Vivimos instalados en lo que podría llamarse la fenomenología del umbral: la experiencia subjetiva de haber cruzado, de golpe, una frontera invisible. En 2022, millones de personas interactuaron por primera vez con sistemas capaces de mantener conversaciones coherentes, generar imágenes fotorrealistas o escribir código funcional.
La reacción dominante fue la del asombro genuino, casi infantil. Las redes sociales se llenaron de capturas de pantalla como si fueran reliquias de un primer contacto con algo radicalmente otro. Sin embargo, esta experiencia de lo súbito es, en gran medida, una ilusión cognitiva producida por la naturaleza misma del crecimiento exponencial. Una curva exponencial tiene una propiedad desconcertante: durante larguísimos períodos, parece plana, casi estática, y luego -sin transición aparente- se dispara verticalmente.
Para quien la observa desde dentro del tiempo, sin la perspectiva del gráfico completo, esa inflexión parece un salto. Pero no lo es. Es simplemente el momento en que la acumulación silenciosa se vuelve visible a escala humana. Los fundamentos de lo que hoy llamamos IA generativa llevan décadas construyéndose: la retropropagación del error en los años ochenta, las redes convolucionales de los noventa, el aprendizaje profundo que ganó su primera competición de reconocimiento de imágenes en 2012, la arquitectura transformer publicada en 2017, los modelos de lenguaje que crecieron de millones a billones de parámetros entre 2018 y 2022.
Cada uno de esos pasos fue incremental. Lo que ocurrió después no fue un milagro sino una acumulación que alcanzó masa crítica. El asombro contemporáneo es real como experiencia, pero falso como diagnóstico. Confunde el momento en que algo se vuelve perceptible con el momento en que algo comienza a existir.























