El Día de la Tradición de 1983, en Tres Algarrobos, Buenos Aires, los cuatro varones adultos de la familia Luna fueron asesinados por la Policía, en lo que todos sabían y todos callaron que era un ajuste de cuentas tras el que se escondían desacuerdos de reparto del negocio del cuatreo, infidelidades conyugales y deseos tan abruptos como prohibidos. Nunca se investigó el crimen, o sencillamente se pasó sobre él sin darle importancia, como si hubiera sido un hecho sin trascendencia propio de La Pampa profunda.
Ninguna noticia saltó a los diarios, las radios o las televisiones sobre este hecho, producido precisamente en los estertores de la dictadura que supuso la Junta Militar y cuando ya Bignone ocupaba la Presidencia de transición hacia la democracia en Argentina, en un tiempo que los militares estaban limpiando por todo el país las huellas de sus muchos y terribles crímines. Tras el sesinato público y colectivo de los Luna se escondían asuntos de cuatreo con el que se enriquecieron importantes personajes políticos del momento y algunas de las grandes cadenas de alimentación argentinas que hoy en día todavía existen; pero también entre los móviles que produjeron el fatal desenlace pesaron las infidelidades conyugales y los desos prohibidos o indebidos, en este orden aparentemente cotidiano y tranquilo de la La Pampa, pero que esconde un orden de amos y esclavos, de poderosos y miserables y de monstruos que ocupan poderosos puestos sociales, tal y como nos tienen comunmente habituados a contemplanr los argentinos.
El amor y el dinero bailaron como Eros y Tánatos su danza macabra en este rincón de La Pampa, y el resultado fue la ejecución, ante prácticamente la totalidad de la población, de los cuatro varones adultos de la familia Luna, la cual tuvo lugar durante los festejos que se celebraban en El Prado Español, el parque público de la localidad. Todos lo vieron, nadie les preguntó y todos callaron, de modo que este crimen, como tantísimos que se habían producido durante la dictadura, quedó impune y pasó por el calendario como si jamás se hubiera producido, a pesar de que aún a día de hoy viven en esa misma localidad gran número de testigos y algunos de los protagonistas de esta crónica.« Sangre de Lunas », en consecuencia, es una crónica novelada, o, tal vez dicho con mayor propiedad, una trama que hunde sus raíces en un hecho verídico y nunca cerrado.
El desprecio de las autoridades argentinas por esta gente humilde, estos hombres del campo o del gauchaje y por cuanto ciudadano no sea significativo o tenga poder, es un suceso ancestral que es muy difícil de comprender por quien no nació en aquellas tierras de opulencia y miseria. De hecho, tal vez, en cierta forma, esta fue la última bocanada de un orden gaucho, duro y sin santuarios, propio de un tiempo que expiró con el asesinato de estos cuatro hombres y que, en cierta forma, nos evoca precisamente a ese Martín Fierro de José Hernández, en cuya onomática se produjo el crimen aún impune.
El Día de la Tradición de 1983, en Tres Algarrobos, Buenos Aires, los cuatro varones adultos de la familia Luna fueron asesinados por la Policía, en lo que todos sabían y todos callaron que era un ajuste de cuentas tras el que se escondían desacuerdos de reparto del negocio del cuatreo, infidelidades conyugales y deseos tan abruptos como prohibidos. Nunca se investigó el crimen, o sencillamente se pasó sobre él sin darle importancia, como si hubiera sido un hecho sin trascendencia propio de La Pampa profunda.
Ninguna noticia saltó a los diarios, las radios o las televisiones sobre este hecho, producido precisamente en los estertores de la dictadura que supuso la Junta Militar y cuando ya Bignone ocupaba la Presidencia de transición hacia la democracia en Argentina, en un tiempo que los militares estaban limpiando por todo el país las huellas de sus muchos y terribles crímines. Tras el sesinato público y colectivo de los Luna se escondían asuntos de cuatreo con el que se enriquecieron importantes personajes políticos del momento y algunas de las grandes cadenas de alimentación argentinas que hoy en día todavía existen; pero también entre los móviles que produjeron el fatal desenlace pesaron las infidelidades conyugales y los desos prohibidos o indebidos, en este orden aparentemente cotidiano y tranquilo de la La Pampa, pero que esconde un orden de amos y esclavos, de poderosos y miserables y de monstruos que ocupan poderosos puestos sociales, tal y como nos tienen comunmente habituados a contemplanr los argentinos.
El amor y el dinero bailaron como Eros y Tánatos su danza macabra en este rincón de La Pampa, y el resultado fue la ejecución, ante prácticamente la totalidad de la población, de los cuatro varones adultos de la familia Luna, la cual tuvo lugar durante los festejos que se celebraban en El Prado Español, el parque público de la localidad. Todos lo vieron, nadie les preguntó y todos callaron, de modo que este crimen, como tantísimos que se habían producido durante la dictadura, quedó impune y pasó por el calendario como si jamás se hubiera producido, a pesar de que aún a día de hoy viven en esa misma localidad gran número de testigos y algunos de los protagonistas de esta crónica.« Sangre de Lunas », en consecuencia, es una crónica novelada, o, tal vez dicho con mayor propiedad, una trama que hunde sus raíces en un hecho verídico y nunca cerrado.
El desprecio de las autoridades argentinas por esta gente humilde, estos hombres del campo o del gauchaje y por cuanto ciudadano no sea significativo o tenga poder, es un suceso ancestral que es muy difícil de comprender por quien no nació en aquellas tierras de opulencia y miseria. De hecho, tal vez, en cierta forma, esta fue la última bocanada de un orden gaucho, duro y sin santuarios, propio de un tiempo que expiró con el asesinato de estos cuatro hombres y que, en cierta forma, nos evoca precisamente a ese Martín Fierro de José Hernández, en cuya onomática se produjo el crimen aún impune.