El espejo oculto en la historia naturalExiste una imagen que, aunque rara vez se formula de manera explícita, recorre subterráneamente buena parte del pensamiento contemporáneo sobre la vida, la mente y la tecnología. Es la imagen de un espejo colocado en algún punto impreciso de la historia -quizá en el momento en que un homínido talló la primera lasca de sílex, quizá en el instante en que una red neuronal artificial superó por primera vez a un campeón humano de ajedrez-, un espejo que divide el tiempo en dos mitades simétricas y, al mismo tiempo, inversas.
De un lado del cristal, el relato que la ciencia lleva narrando desde Darwin: la materia inerte que, sometida a las leyes de la física y de la química, se organiza en estructuras cada vez más complejas hasta producir, al cabo de miles de millones de años, algo tan improbable como una mente capaz de preguntarse por su propio origen. Del otro lado, un relato todavía incipiente, más conjetural, pero cuya sombra se proyecta con fuerza creciente sobre el presente: la mente -o algo funcionalmente indistinguible de ella- que diseña, construye y despliega su propio soporte material, invirtiendo así la dirección del proceso que la engendró.
El espejo oculto en la historia naturalExiste una imagen que, aunque rara vez se formula de manera explícita, recorre subterráneamente buena parte del pensamiento contemporáneo sobre la vida, la mente y la tecnología. Es la imagen de un espejo colocado en algún punto impreciso de la historia -quizá en el momento en que un homínido talló la primera lasca de sílex, quizá en el instante en que una red neuronal artificial superó por primera vez a un campeón humano de ajedrez-, un espejo que divide el tiempo en dos mitades simétricas y, al mismo tiempo, inversas.
De un lado del cristal, el relato que la ciencia lleva narrando desde Darwin: la materia inerte que, sometida a las leyes de la física y de la química, se organiza en estructuras cada vez más complejas hasta producir, al cabo de miles de millones de años, algo tan improbable como una mente capaz de preguntarse por su propio origen. Del otro lado, un relato todavía incipiente, más conjetural, pero cuya sombra se proyecta con fuerza creciente sobre el presente: la mente -o algo funcionalmente indistinguible de ella- que diseña, construye y despliega su propio soporte material, invirtiendo así la dirección del proceso que la engendró.