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La externalización de la mente: progreso técnico y retroceso cognitivo
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- FormatePub
- ISBN8235860728
- EAN9798235860728
- Date de parution03/05/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurIoakim Ioakim
Résumé
La inteligencia artificial no representa una evolución incremental de la revolución digital, sino un salto ontológico -es decir, un cambio en la naturaleza misma de lo que está en juego. La diferencia puede formularse con claridad. Internet transformó la circulación de la información: aceleró su distribución, amplió su acceso, redujo sus costes, democratizó su producción. Pero en todo este proceso, el agente intelectual seguía siendo el ser humano.
Era el ser humano quien buscaba, leía, interpretaba, decidía, escribía, publicaba. Internet era un canal -un canal extraordinariamente poderoso, pero un canal al fin-. La inteligencia artificial, en cambio, no se limita a transportar información: genera conocimiento, simula razonamiento, produce textos, imágenes, código, diagnósticos, estrategias. No amplifica al ser humano como hacía internet; lo replica y, en determinados dominios, lo sustituye.
Esto no es una diferencia de grado: es una diferencia de naturaleza. Expresado en términos filosóficos, lo que internet hizo fue extender las capacidades comunicativas del ser humano; lo que la inteligencia artificial amenaza con hacer es externalizar las capacidades cognitivas del ser humano. Y esta externalización -como se argumentará a lo largo de este ensayo- no constituye principalmente un riesgo técnico, económico o laboral, sino un riesgo antropológico: el riesgo de que, al delegar progresivamente las funciones del pensamiento en sistemas artificiales, el ser humano no solo pierda habilidades, sino que pierda la propia capacidad de juzgar, de discernir y, en última instancia, de ser autónomo como sujeto pensante.
Era el ser humano quien buscaba, leía, interpretaba, decidía, escribía, publicaba. Internet era un canal -un canal extraordinariamente poderoso, pero un canal al fin-. La inteligencia artificial, en cambio, no se limita a transportar información: genera conocimiento, simula razonamiento, produce textos, imágenes, código, diagnósticos, estrategias. No amplifica al ser humano como hacía internet; lo replica y, en determinados dominios, lo sustituye.
Esto no es una diferencia de grado: es una diferencia de naturaleza. Expresado en términos filosóficos, lo que internet hizo fue extender las capacidades comunicativas del ser humano; lo que la inteligencia artificial amenaza con hacer es externalizar las capacidades cognitivas del ser humano. Y esta externalización -como se argumentará a lo largo de este ensayo- no constituye principalmente un riesgo técnico, económico o laboral, sino un riesgo antropológico: el riesgo de que, al delegar progresivamente las funciones del pensamiento en sistemas artificiales, el ser humano no solo pierda habilidades, sino que pierda la propia capacidad de juzgar, de discernir y, en última instancia, de ser autónomo como sujeto pensante.























