Nouveauté
Pensamiento lateral y complejidad
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- FormatePub
- ISBN8235503311
- EAN9798235503311
- Date de parution31/07/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurIoakim Ioakim
Résumé
El pensamiento como tarea inacabadaEste ensayo muestra que pensar, en el sentido fuerte de la palabra, no es una función automática del cerebro ni un producto garantizado de la educación ni un servicio que pueda delegarse en una máquina. Pensar es una tarea, la más difícil y la más necesaria, que cada individuo y cada generación deben asumir de nuevo. La evolución no nos preparó para ella; nos dio un órgano que prefiere los atajos.
La civilización nos ofrece herramientas, pero esas herramientas pueden usarse tanto para ampliar el pensamiento como para sustituirlo. La inteligencia artificial nos ofrece un espejo, pero los espejos sólo sirven si uno está dispuesto a mirarse, y lo que devuelven no siempre es halagador. La tesis central que recorre estas páginas puede formularse con la claridad que la travesía permite: la inteligencia humana no consiste principalmente en una mayor capacidad de cálculo o acumulación de conocimientos, sino en la facultad de superar los automatismos cognitivos impuestos por la evolución para formular correctamente los problemas, gestionar la incertidumbre y construir modelos cada vez más sofisticados de la realidad.
La inteligencia artificial, lejos de invalidar esta capacidad, obliga a redefinir qué significa pensar auténticamente. Y pensar auténticamente significa, al cabo de este recorrido, algo que se parece menos a una proeza técnica y más a una actitud vital: la disposición a detenerse cuando todo empuja a correr, a dudar cuando todo invita a creer, a reformular cuando todo pide repetir, a escuchar cuando todo incita a responder, a reconocer la propia ignorancia cuando todo premia la exhibición del saber.
En la era de la automatización, el rasgo más distintivamente humano podría dejar de ser la capacidad de producir respuestas para convertirse en la capacidad de formular mejores preguntas, reconocer los propios límites y convivir con una incertidumbre irreductible. Esto no es una derrota; es, si se mira con la perspectiva adecuada, una liberación. Nos libera de la competencia absurda con máquinas que siempre serán más rápidas.
Nos libera de la idolatría del cociente y de la métrica. Nos libera de la ilusión de que pensar es acumular certezas. Y nos devuelve a lo que quizá siempre fue esencial: la pregunta, la duda, la humildad y la conversación. Porque al final de todo, la inteligencia más humana no es la que sabe más, sino la que sabe que no sabe, y desde ese reconocimiento, con esfuerzo, con herramientas, con otros, sigue buscando.
No para llegar, sino porque buscar es, en sí mismo, la forma más alta de estar vivo.
La civilización nos ofrece herramientas, pero esas herramientas pueden usarse tanto para ampliar el pensamiento como para sustituirlo. La inteligencia artificial nos ofrece un espejo, pero los espejos sólo sirven si uno está dispuesto a mirarse, y lo que devuelven no siempre es halagador. La tesis central que recorre estas páginas puede formularse con la claridad que la travesía permite: la inteligencia humana no consiste principalmente en una mayor capacidad de cálculo o acumulación de conocimientos, sino en la facultad de superar los automatismos cognitivos impuestos por la evolución para formular correctamente los problemas, gestionar la incertidumbre y construir modelos cada vez más sofisticados de la realidad.
La inteligencia artificial, lejos de invalidar esta capacidad, obliga a redefinir qué significa pensar auténticamente. Y pensar auténticamente significa, al cabo de este recorrido, algo que se parece menos a una proeza técnica y más a una actitud vital: la disposición a detenerse cuando todo empuja a correr, a dudar cuando todo invita a creer, a reformular cuando todo pide repetir, a escuchar cuando todo incita a responder, a reconocer la propia ignorancia cuando todo premia la exhibición del saber.
En la era de la automatización, el rasgo más distintivamente humano podría dejar de ser la capacidad de producir respuestas para convertirse en la capacidad de formular mejores preguntas, reconocer los propios límites y convivir con una incertidumbre irreductible. Esto no es una derrota; es, si se mira con la perspectiva adecuada, una liberación. Nos libera de la competencia absurda con máquinas que siempre serán más rápidas.
Nos libera de la idolatría del cociente y de la métrica. Nos libera de la ilusión de que pensar es acumular certezas. Y nos devuelve a lo que quizá siempre fue esencial: la pregunta, la duda, la humildad y la conversación. Porque al final de todo, la inteligencia más humana no es la que sabe más, sino la que sabe que no sabe, y desde ese reconocimiento, con esfuerzo, con herramientas, con otros, sigue buscando.
No para llegar, sino porque buscar es, en sí mismo, la forma más alta de estar vivo.






















