¿Qué haces cuando la persona que sabías cómo ayudar resulta ser tu propia madre?Esperanza tiene sesenta y tres años, es psicóloga bogotana, y lleva treinta y cinco años ayudando a familias a atravesar sus crisis. Ninguna de esas crisis la preparó para encontrar a su madre deambulando perdida por las calles de Chapinero. El Peso de Elegir sigue a seis amigos en Bogotá - todos profesionales en sus sesenta, todos criados en familias colombianas donde la muerte no se nombraba - mientras cada uno descubre que acompañar bien a alguien en el final de su vida requiere algo que ninguna carrera les enseñó.
Juntos construyen el Pacto de los Ochenta: no un documento legal, sino un acuerdo moral para vivir plenamente y ejercer autonomía sobre el propio morir. Elena, médica y mentora del grupo, muere en casa a las 6:23 de la mañana de un martes, lúcida hasta el final. Sus últimas palabras son instrucciones para los que vendrán después. El epílogo ocurre un año después: el modelo del grupo ha llegado a tres hospitales en Medellín y dos parroquias en Cali.
Nuevas familias llegan curiosas, no desesperadas. Para lectores de Juan Gabriel Vásquez, Piedad Bonnett, Mario Mendoza e Isabel Allende.
¿Qué haces cuando la persona que sabías cómo ayudar resulta ser tu propia madre?Esperanza tiene sesenta y tres años, es psicóloga bogotana, y lleva treinta y cinco años ayudando a familias a atravesar sus crisis. Ninguna de esas crisis la preparó para encontrar a su madre deambulando perdida por las calles de Chapinero. El Peso de Elegir sigue a seis amigos en Bogotá - todos profesionales en sus sesenta, todos criados en familias colombianas donde la muerte no se nombraba - mientras cada uno descubre que acompañar bien a alguien en el final de su vida requiere algo que ninguna carrera les enseñó.
Juntos construyen el Pacto de los Ochenta: no un documento legal, sino un acuerdo moral para vivir plenamente y ejercer autonomía sobre el propio morir. Elena, médica y mentora del grupo, muere en casa a las 6:23 de la mañana de un martes, lúcida hasta el final. Sus últimas palabras son instrucciones para los que vendrán después. El epílogo ocurre un año después: el modelo del grupo ha llegado a tres hospitales en Medellín y dos parroquias en Cali.
Nuevas familias llegan curiosas, no desesperadas. Para lectores de Juan Gabriel Vásquez, Piedad Bonnett, Mario Mendoza e Isabel Allende.