Littérature d'Espagne du Siècle d'or à aujourd'hui
HILVÁN DE ESCENAS. .

Par : Gabriel Miro

Formats :

  • Paiement en ligne :
    • Livraison à domicile ou en point Mondial Relay estimée à partir du 24 décembre
      Cet article sera commandé chez un fournisseur et vous sera envoyé 21 jours après la date de votre commande.
    • Retrait Click and Collect en magasin gratuit
  • Nombre de pages136
  • PrésentationBroché
  • Poids0.224 kg
  • Dimensions17,0 cm × 22,0 cm × 0,8 cm
  • ISBN979-10-418-0965-3
  • EAN9791041809653
  • Date de parution27/05/2023
  • ÉditeurCulturea

Résumé

Entre dos estribaciones enormes y fragosas del Aylona, serpea el valle de Badaleste, hondo y vicioso. En el horcajo de tamanas sierras, en altitud bravía está Confines, viejo y parduzco pueblecillo sobre cuyo costroso hacinamiento de tejados verdinegros, eleva la decrépita Abadía su campanario estrecho, amarillento y alto, maculado junto a su cornisa por las rudas y ennegrecidas piedras que deja ver un desgarrón de la fachada.
Las paredes de las últimas casas del pueblo reciben ávidas las caricias de los primeros verdores del valle. Estos se originan con escalones inmensos de ondulantes mieses, sombreadas de trecho en trecho por redondos olivos y talludos almendros de retorcidos y negrales troncos. Turnan con los trigos tablares de lozanas hortalizas distribuidas en geométricas figuras ; rumorosos maizales ; aterronados barbechos ; y de nuevo la mies sucede, alta, apretada, undosa, bajando en gradería, afelpando transversalmente en verdes franjas o en oleadas de oro el pie de las colinas.
Entre dos estribaciones enormes y fragosas del Aylona, serpea el valle de Badaleste, hondo y vicioso. En el horcajo de tamanas sierras, en altitud bravía está Confines, viejo y parduzco pueblecillo sobre cuyo costroso hacinamiento de tejados verdinegros, eleva la decrépita Abadía su campanario estrecho, amarillento y alto, maculado junto a su cornisa por las rudas y ennegrecidas piedras que deja ver un desgarrón de la fachada.
Las paredes de las últimas casas del pueblo reciben ávidas las caricias de los primeros verdores del valle. Estos se originan con escalones inmensos de ondulantes mieses, sombreadas de trecho en trecho por redondos olivos y talludos almendros de retorcidos y negrales troncos. Turnan con los trigos tablares de lozanas hortalizas distribuidas en geométricas figuras ; rumorosos maizales ; aterronados barbechos ; y de nuevo la mies sucede, alta, apretada, undosa, bajando en gradería, afelpando transversalmente en verdes franjas o en oleadas de oro el pie de las colinas.