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Nouveauté
Los mártires
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- FormatePub
- ISBN8235422230
- EAN9798235422230
- Date de parution02/05/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurIoakim Ioakim
Résumé
La actual Plaza de Los Mártires, en Bogotá, no siempre llevó ese nombre. Antes fue conocida como la Huerta de Jaime, un espacio que con el tiempo se transformó en símbolo histórico debido a los fusilamientos ocurridos durante la reconquista española. Sin embargo, más allá de su denominación oficial, este lugar representa una memoria construida que ha privilegiado el relato heroico, dejando en segundo plano las tensiones internas que también marcaron estos hechos.
En este escenario fueron ejecutados personajes como Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, Camilo Torres Tenorio y José María Carbonell. La narrativa tradicional los presenta como víctimas directas del dominio español, pero un análisis más crítico permite ver que su destino también estuvo condicionado por un contexto de rivalidades internas, luchas de poder y fragmentación política. La denominación "Los Mártires" refuerza una visión en la que el sacrificio se interpreta como un acto puro de heroísmo.
No obstante, este término es cuestionado cuando se considera que muchos de estos líderes estaban inmersos en disputas internas que influyeron en sus trayectorias. La plaza, entonces, no solo simboliza la represión externa, sino también las consecuencias de un movimiento dividido, donde las decisiones políticas internas jugaron un papel determinante. En este contexto, resulta clave incorporar la figura de Antonio Baraya, quien, aunque no fue fusilado en este lugar ni recordado como mártir, representa de manera clara las fracturas internas del proceso independentista.
Su enfrentamiento con Antonio Nariño en episodios como el de San Victorino evidencia que la independencia no fue una lucha unificada, sino un escenario de conflictos entre proyectos políticos opuestos, como el centralismo y el federalismo. La inclusión de Baraya en este análisis permite entender que los llamados mártires no pueden explicarse sin considerar a los actores que protagonizaron las rivalidades internas.
Es precisamente en esas tensiones donde se gestan las condiciones que, directa o indirectamente, conducen a los desenlaces trágicos. La Plaza de Los Mártires deja de ser únicamente un símbolo de sacrificio frente a España para convertirse en un reflejo de cómo la división interna debilita una causa colectiva. Este enfoque abre la puerta a un paralelismo con la actualidad. Así como en la independencia las disputas internas contribuyeron a la caída de líderes, hoy las rivalidades políticas siguen marcando el rumbo del país.
Figuras como Gustavo Petro, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos o Iván Duque reflejan, desde distintas posiciones, cómo el poder continúa siendo un espacio de confrontación, donde las diferencias ideológicas y personales prevalecen sobre los consensos.
En este escenario fueron ejecutados personajes como Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, Camilo Torres Tenorio y José María Carbonell. La narrativa tradicional los presenta como víctimas directas del dominio español, pero un análisis más crítico permite ver que su destino también estuvo condicionado por un contexto de rivalidades internas, luchas de poder y fragmentación política. La denominación "Los Mártires" refuerza una visión en la que el sacrificio se interpreta como un acto puro de heroísmo.
No obstante, este término es cuestionado cuando se considera que muchos de estos líderes estaban inmersos en disputas internas que influyeron en sus trayectorias. La plaza, entonces, no solo simboliza la represión externa, sino también las consecuencias de un movimiento dividido, donde las decisiones políticas internas jugaron un papel determinante. En este contexto, resulta clave incorporar la figura de Antonio Baraya, quien, aunque no fue fusilado en este lugar ni recordado como mártir, representa de manera clara las fracturas internas del proceso independentista.
Su enfrentamiento con Antonio Nariño en episodios como el de San Victorino evidencia que la independencia no fue una lucha unificada, sino un escenario de conflictos entre proyectos políticos opuestos, como el centralismo y el federalismo. La inclusión de Baraya en este análisis permite entender que los llamados mártires no pueden explicarse sin considerar a los actores que protagonizaron las rivalidades internas.
Es precisamente en esas tensiones donde se gestan las condiciones que, directa o indirectamente, conducen a los desenlaces trágicos. La Plaza de Los Mártires deja de ser únicamente un símbolo de sacrificio frente a España para convertirse en un reflejo de cómo la división interna debilita una causa colectiva. Este enfoque abre la puerta a un paralelismo con la actualidad. Así como en la independencia las disputas internas contribuyeron a la caída de líderes, hoy las rivalidades políticas siguen marcando el rumbo del país.
Figuras como Gustavo Petro, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos o Iván Duque reflejan, desde distintas posiciones, cómo el poder continúa siendo un espacio de confrontación, donde las diferencias ideológicas y personales prevalecen sobre los consensos.























