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El País Donde la Tristeza es un Delito

Par : LuisTejada
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  • FormatePub
  • ISBN8233513831
  • EAN9798233513831
  • Date de parution03/06/2026
  • Protection num.pas de protection
  • Infos supplémentairesepub
  • ÉditeurLinda Balsamo

Résumé

Hubo un tiempo en que los seres humanos creían que la tristeza era una parte inevitable de la existencia. Se lloraba por amor, por la muerte de los padres, por los sueños rotos, por las derrotas y por las despedidas. La tristeza era incómoda, pero también era una maestra silenciosa. Enseñaba a valorar la alegría, a comprender la pérdida y a reconocer el verdadero significado de estar vivo. Después llegaron los ingenieros de la felicidad.
Primero aparecieron las aplicaciones que medían el estado de ánimo. Luego los algoritmos que predecían emociones. Más tarde, las corporaciones descubrieron que una población permanentemente satisfecha consumía más, cuestionaba menos y obedecía mejor. Lo que comenzó como una industria del bienestar terminó convirtiéndose en la base de un nuevo orden social. Nadie vio venir la transformaciónLa libertad desapareció sin estruendos ni revoluciones.
No hicieron falta ejércitos ni campos de concentración. Bastó con convencer a la humanidad de que el sufrimiento era una enfermedad y que toda enfermedad debía ser erradicadaLas leyes llegaron después. Al principio prohibieron los discursos pesimistas. Más tarde censuraron las obras consideradas deprimentes. Los libros tristes desaparecieron de las bibliotecas. Las canciones melancólicas fueron retiradas de las plataformas digitales.
Los recuerdos dolorosos comenzaron a ser tratados médicamente. Finalmente, cuando la sociedad ya estaba acostumbrada a la vigilancia emocional, la norma definitiva fue aprobada sin resistencia significativa. La tristeza quedó fuera de la ley. Desde entonces, cada ciudadano es monitoreado de manera permanente. Sensores invisibles registran expresiones faciales, patrones de voz, ritmos cardíacos y fluctuaciones químicas del cerebro.
Un algoritmo central determina el nivel de felicidad de cada individuo y corrige cualquier desviación antes de que se convierta en un problema. Las ciudades son luminosas. Los anuncios sonríen. Las pantallas repiten mensajes optimistas las veinticuatro horas del día. Las personas aprenden desde la infancia que sentirse mal es una forma de egoísmo social. Nadie debe contaminar a los demás con emociones negativas.
Al menos esa es la versión oficial. Porque detrás de las avenidas impecables, detrás de los edificios cubiertos de pantallas y detrás de las sonrisas obligatorias, existe una realidad diferente. Hay quienes todavía recuerdan. Recuerdan el sabor de una lágrima auténtica. Recuerdan el vacío que deja una ausencia. Recuerdan que el dolor puede ser tan humano como el amor. Son pocos. Se ocultan en los márgenes de la sociedad, intercambiando historias prohibidas y conservando emociones que el sistema considera peligrosas.
Saben que la felicidad permanente no ha creado seres humanos más libres. Ha creado seres humanos más dóciles. Y también saben algo que los gobernantes, las corporaciones y los algoritmos jamás podrán comprender por completo. Que una vida sin tristeza es una vida incompleta. Esta novela comienza en ese mundo brillante y perfecto donde nadie tiene derecho a sufrir. Un mundo donde llorar puede costar la libertad, donde la nostalgia es una forma de resistencia y donde recordar se ha convertido en un acto revolucionario.
Es la historia de un hombre que descubrirá que las emociones no pueden dividirse entre permitidas y prohibidas. Que la alegría y el dolor nacen de la misma raíz. Que la felicidad impuesta no es felicidad, sino obediencia. Y que, a veces, el primer paso hacia la libertad consiste en permitirse sentir aquello que todos los demás temen. 
El más allá Virtual
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