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Camino de Hierro: Ferrocarril Bucaramanga-Puerto Wilches Guerras civiles, conflictos e incidencia geopolítica. Historia de Colombia, #161

Par : Emilio Arenas
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  • FormatePub
  • ISBN978-0-463-55794-5
  • EAN9780463557945
  • Date de parution23/12/2019
  • Protection num.pas de protection
  • Infos supplémentairesepub
  • ÉditeurBluewater

Résumé

Hace cien años existía a orillas del río Lebrija un pequeño caserío llamado Botijas. Allí se almacenaba la carga que bajaba desde Bucaramanga por el camino de herradura, y se transbordaba la que había llegado por el río con destino a esa ciudad. El puerto era un pequeño espacio talado en la inmensidad de la selva, en donde los "tambos" hacían de bodega y casa de administración. Separadas de ellos por alambradas, unas chozas formaban el resto de la población.
Botijas parecía insignificante; pero por este lugar pasaba casi toda la mercancía exportada e importada en la Provincia de Soto, Departamento de Santander. A comienzos de 1892, en los últimos días de la temporada seca, llegó a Botijas el gobernador del Departamento. El general, grado por el cual se conocía más a don José Santos, comenzó su visita con la inspección de las estibas en el depósito de sal, los techos de algunas bodegas y los doce mil bultos almacenados en ellas, de los cuales, más de diez mil eran de café.
Con sus acompañantes se introdujo en la montaña por la trocha de Peñas Blancas; pues planeaba abrir un camino para ir al encuentro del ferrocarril cuando éste avanzara en su construcción desde el río Magdalena hasta Bucaramanga, la capital. Satisfecho con el desarrollo de las obras, regresó a la ciudad. De aquellas charlas nació la idea de instalar en Bucaramanga una industria de maquinaria para el beneficio del café, compañía para la cual Orestes se ofrecía como socio.
Inesperadamente, el colombiano perdió su empleo y precipitó el desarrollo de los planes, coordinando con los Penagos la importación, desde Inglaterra, de los elementos necesarios para la empresa. Todo ésto sería transportado por una empresa naviera a través del Lago de Maracaibo y sus afluentes, hasta la localidad fronteriza de Puerto Villamizar. Desde allí, el ferrocarril los llevaría a Cúcuta, donde serían reclamados por sus propietarios y trasladados por caminos de herradura hacia su destino final.