Nouveauté
Santa Catalina y el dulce Cristo en la tierra. Colección Santos, #15
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- FormatePub
- ISBN8232650568
- EAN9798232650568
- Date de parution10/10/2025
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurDraft2Digital
Résumé
¿Cómo es posible que una muchacha insignificante, hija de un tintorero y casi analfabeta, llegara a convertirse en doctora de la Iglesia y patrona de Europa?Eran tiempos turbulentos de peste, guerras y revoluciones en el mundo y de profundas crisis en la Iglesia. Dios necesitaba alguien que defendiera su causa y quiso elegir a aquella muchacha para una misión que superaba las fuerzas humanas. Santa Catalina de Siena fue una auténtica mística con el corazón en el cielo y los pies bien puestos en el suelo.
Los más altos dones espirituales y las visiones de Cristo y de los santos se unían en ella a una labor humilde en favor de los enfermos y los alejados y también a misiones diplomáticas al más alto nivel. En particular, la vida de Catalina demuestra que el amor a Cristo y el amor a la Iglesia, que es su esposa, siempre van juntos. El inmenso cariño de la santa hacia el Papa, su "dulce Cristo en la tierra", la llevó a actuar como embajadora, consejera y defensora del Pontífice y la solución del llamado "exilio de Aviñón" se debió en gran parte a sus esfuerzos.
Ese cariño, sin embargo, estaba basado en la fe y la verdad, de modo que no excluía señalarle al Papa sus errores y la necesidad de corregirlos. Murió en Roma con solo treinta y tres años, rodeada por un fiel grupo de discípulos y por el cariño y la admiración de todo el pueblo cristiano.
Los más altos dones espirituales y las visiones de Cristo y de los santos se unían en ella a una labor humilde en favor de los enfermos y los alejados y también a misiones diplomáticas al más alto nivel. En particular, la vida de Catalina demuestra que el amor a Cristo y el amor a la Iglesia, que es su esposa, siempre van juntos. El inmenso cariño de la santa hacia el Papa, su "dulce Cristo en la tierra", la llevó a actuar como embajadora, consejera y defensora del Pontífice y la solución del llamado "exilio de Aviñón" se debió en gran parte a sus esfuerzos.
Ese cariño, sin embargo, estaba basado en la fe y la verdad, de modo que no excluía señalarle al Papa sus errores y la necesidad de corregirlos. Murió en Roma con solo treinta y tres años, rodeada por un fiel grupo de discípulos y por el cariño y la admiración de todo el pueblo cristiano.
¿Cómo es posible que una muchacha insignificante, hija de un tintorero y casi analfabeta, llegara a convertirse en doctora de la Iglesia y patrona de Europa?Eran tiempos turbulentos de peste, guerras y revoluciones en el mundo y de profundas crisis en la Iglesia. Dios necesitaba alguien que defendiera su causa y quiso elegir a aquella muchacha para una misión que superaba las fuerzas humanas. Santa Catalina de Siena fue una auténtica mística con el corazón en el cielo y los pies bien puestos en el suelo.
Los más altos dones espirituales y las visiones de Cristo y de los santos se unían en ella a una labor humilde en favor de los enfermos y los alejados y también a misiones diplomáticas al más alto nivel. En particular, la vida de Catalina demuestra que el amor a Cristo y el amor a la Iglesia, que es su esposa, siempre van juntos. El inmenso cariño de la santa hacia el Papa, su "dulce Cristo en la tierra", la llevó a actuar como embajadora, consejera y defensora del Pontífice y la solución del llamado "exilio de Aviñón" se debió en gran parte a sus esfuerzos.
Ese cariño, sin embargo, estaba basado en la fe y la verdad, de modo que no excluía señalarle al Papa sus errores y la necesidad de corregirlos. Murió en Roma con solo treinta y tres años, rodeada por un fiel grupo de discípulos y por el cariño y la admiración de todo el pueblo cristiano.
Los más altos dones espirituales y las visiones de Cristo y de los santos se unían en ella a una labor humilde en favor de los enfermos y los alejados y también a misiones diplomáticas al más alto nivel. En particular, la vida de Catalina demuestra que el amor a Cristo y el amor a la Iglesia, que es su esposa, siempre van juntos. El inmenso cariño de la santa hacia el Papa, su "dulce Cristo en la tierra", la llevó a actuar como embajadora, consejera y defensora del Pontífice y la solución del llamado "exilio de Aviñón" se debió en gran parte a sus esfuerzos.
Ese cariño, sin embargo, estaba basado en la fe y la verdad, de modo que no excluía señalarle al Papa sus errores y la necesidad de corregirlos. Murió en Roma con solo treinta y tres años, rodeada por un fiel grupo de discípulos y por el cariño y la admiración de todo el pueblo cristiano.










