Mientras el hombre contemplaba absorto el espectáculo gratuito e imponente que se gestaba en los cielos nocturnos, sigilosamente su esposa apareció por un costado proveniente de la cocina. Traía una taza de té frío y unas galletitas sin sal en un plato. No hubo intercambio de saludos, nadie preguntó cómo había estado el día o cómo habían estado las cosas de la casa. En esta historia hay más de una tormenta gestándose.
Mientras el hombre contemplaba absorto el espectáculo gratuito e imponente que se gestaba en los cielos nocturnos, sigilosamente su esposa apareció por un costado proveniente de la cocina. Traía una taza de té frío y unas galletitas sin sal en un plato. No hubo intercambio de saludos, nadie preguntó cómo había estado el día o cómo habían estado las cosas de la casa. En esta historia hay más de una tormenta gestándose.