Le quedan siete días. En el corredor de la muerte, el tiempo no se mide en horas, sino en pasos que resuenan en el pasillo y miradas que evitan el contacto. Cada amanecer es un recordatorio de que la ejecución se acerca. Durante su última semana, un condenado escribe, no busca justificar sus actos. No pide compasión . Solo deja constancia de lo que ocurre dentro de una mente que sabe exactamente cuándo va a morir.
Le quedan siete días. En el corredor de la muerte, el tiempo no se mide en horas, sino en pasos que resuenan en el pasillo y miradas que evitan el contacto. Cada amanecer es un recordatorio de que la ejecución se acerca. Durante su última semana, un condenado escribe, no busca justificar sus actos. No pide compasión . Solo deja constancia de lo que ocurre dentro de una mente que sabe exactamente cuándo va a morir.