Entre la virtud y la ambición: el poder trágico en Julio César y Macbeth
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- FormatePub
- ISBN8215712849
- EAN9798215712849
- Date de parution14/02/2026
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurWMG Publishing
Résumé
Dos visiones del alma humana frente al poderLa tesis central que guía este análisis sostiene que, aunque Julio César y Macbeth comparten la estructura fundamental de la tragedia política y exploran el tema universal del poder, Shakespeare contrapone en ellas dos visiones radicalmente diferentes del alma humana frente a la ambición: la del idealismo ingenuo y la de la corrupción moral activa. Esta distinción no es meramente superficial, sino que penetra hasta los cimientos mismos de cada obra, determinando desde la construcción de los personajes hasta el lenguaje poético empleado.
En Julio César, Shakespeare nos presenta el drama de la virtud mal dirigida, donde Marco Bruto encarna el ideal del ciudadano íntegro cuya pureza moral paradójicamente lo conduce a la catástrofe. Su tragedia no reside en la corrupción de su alma, sino en la ingenuidad de creer que la virtud personal puede traducirse automáticamente en virtud política. Bruto representa el peligro del idealismo desconectado de la realidad práctica, del hombre que actúa movido por principios abstractos sin considerar las consecuencias concretas de sus acciones.
Macbeth, en contraste, nos ofrece el espectáculo de la degradación moral progresiva, donde el protagonista, inicialmente presentado como un noble guerrero, se transforma gradualmente en un tirano sanguinario. Su tragedia surge no de un exceso de virtud, sino de la claudicación voluntaria ante las fuerzas destructivas de la ambición. Macbeth conoce el bien y conscientemente elige el mal, iniciando un proceso de autodestrucción que lo despoja sistemáticamente de su humanidad.
En Julio César, Shakespeare nos presenta el drama de la virtud mal dirigida, donde Marco Bruto encarna el ideal del ciudadano íntegro cuya pureza moral paradójicamente lo conduce a la catástrofe. Su tragedia no reside en la corrupción de su alma, sino en la ingenuidad de creer que la virtud personal puede traducirse automáticamente en virtud política. Bruto representa el peligro del idealismo desconectado de la realidad práctica, del hombre que actúa movido por principios abstractos sin considerar las consecuencias concretas de sus acciones.
Macbeth, en contraste, nos ofrece el espectáculo de la degradación moral progresiva, donde el protagonista, inicialmente presentado como un noble guerrero, se transforma gradualmente en un tirano sanguinario. Su tragedia surge no de un exceso de virtud, sino de la claudicación voluntaria ante las fuerzas destructivas de la ambición. Macbeth conoce el bien y conscientemente elige el mal, iniciando un proceso de autodestrucción que lo despoja sistemáticamente de su humanidad.























