El trabajo encargado a Ramiro era sencillo: entrar en el domicilio y sacar algunas cosas de valor, nada más. Su único testigo sería la luna, que lo observaba desde las alturas. Pero Ramiro no tenía ni idea de lo que esperaba por él.
El trabajo encargado a Ramiro era sencillo: entrar en el domicilio y sacar algunas cosas de valor, nada más. Su único testigo sería la luna, que lo observaba desde las alturas. Pero Ramiro no tenía ni idea de lo que esperaba por él.