SOLDES
Jusqu'à -70% sur une sélection d'articles*
Asalto a la base militar de las Delicias Arrasador ataque de las Farc en 1996
Par :Formats :
Disponible dans votre compte client Decitre ou Furet du Nord dès validation de votre commande. Le format ePub est :
- Compatible avec une lecture sur My Vivlio (smartphone, tablette, ordinateur)
- Compatible avec une lecture sur liseuses Vivlio
- Pour les liseuses autres que Vivlio, vous devez utiliser le logiciel Adobe Digital Edition. Non compatible avec la lecture sur les liseuses Kindle, Remarkable et Sony
, qui est-ce ?Notre partenaire de plateforme de lecture numérique où vous retrouverez l'ensemble de vos ebooks gratuitement
Pour en savoir plus sur nos ebooks, consultez notre aide en ligne ici
- FormatePub
- ISBN978-0-463-10933-5
- EAN9780463109335
- Date de parution20/03/2020
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurBluewater
Résumé
La trágica noche del 30 de agosto de 1996, 415 terroristas del Bloque Sur de las Farc atacaron por sorpresa y arrasaron la base militar de Las Delicias, ubicada a orillas del Río Caquetá. Después de 17 horas de fieros combates, 28 militares perdieron la vida, 60 fueron secuestrados y 15 quedaron heridos de gravedad. El improvisado cuartel era un sencillo conjunto de kioscos, construido al estilo maloca indígena, y habitado por una compañía de infantería del batallón de Selva N° 49, que cumplía misiones antinarcóticos, sin los criterios tácticos y técnicos inherentes a una fortificación militar.
Su precaria protección estaba constituida por una línea perimétrica de rudimentarias trincheras construidas con madera y tierra. Esta realidad, refleja el olvido de los sucesivos gobiernos colombianos, por el bienestar y dotación bélica de los de héroes inéditos, que defienden hasta con sus vidas, la soberanía, la integridad y la institucionalidad del país. Y, que además son la única representación estatal, donde los demás ministerios y agencias oficiales brillan por su ausencia.
Igual que sucede con toda crisis, el demoledor asalto a la base militar de Las Delicias sacó a flote graves realidades. Olvidado en medio de la manigua amazónica, este puesto militar carecía de refugios construidos en concreto reforzado, túneles de protección, enmallados exteriores, reflectores, y de un plan de barreras consistente. En este caso concreto, origen humilde y escasos recursos económicos, es el común denominador entre los 28 militares muertos y los 60 secuestrados en Las Delicias.
Allí no pereció ningún hijo de familias de estratos cuatro, cinco o seis. Tampoco, perecieron, ni fueron heridos, ni cayeron secuestrados, familiares de los sabihondos estrategas de escritorio; ni de los improductivos negociadores de paz, ni de los congresistas, ni de los diputados, ni de los gobernadores, ni de los ministros, ni de los embajadores, ni de los directores de institutos, ni de los columnistas de opinión, que saben más de la guerra, que los mismos militares, que la padecen para subsanar los errores políticos de ellos.
Su precaria protección estaba constituida por una línea perimétrica de rudimentarias trincheras construidas con madera y tierra. Esta realidad, refleja el olvido de los sucesivos gobiernos colombianos, por el bienestar y dotación bélica de los de héroes inéditos, que defienden hasta con sus vidas, la soberanía, la integridad y la institucionalidad del país. Y, que además son la única representación estatal, donde los demás ministerios y agencias oficiales brillan por su ausencia.
Igual que sucede con toda crisis, el demoledor asalto a la base militar de Las Delicias sacó a flote graves realidades. Olvidado en medio de la manigua amazónica, este puesto militar carecía de refugios construidos en concreto reforzado, túneles de protección, enmallados exteriores, reflectores, y de un plan de barreras consistente. En este caso concreto, origen humilde y escasos recursos económicos, es el común denominador entre los 28 militares muertos y los 60 secuestrados en Las Delicias.
Allí no pereció ningún hijo de familias de estratos cuatro, cinco o seis. Tampoco, perecieron, ni fueron heridos, ni cayeron secuestrados, familiares de los sabihondos estrategas de escritorio; ni de los improductivos negociadores de paz, ni de los congresistas, ni de los diputados, ni de los gobernadores, ni de los ministros, ni de los embajadores, ni de los directores de institutos, ni de los columnistas de opinión, que saben más de la guerra, que los mismos militares, que la padecen para subsanar los errores políticos de ellos.






















