Littérature d'Espagne du Siècle d'or à aujourd'hui
NUESTRA SEÑORA DE ATOCHA. .

Par : Francisco rojas Zorrilla
Formats :
  • Paiement en ligne :
    • Livraison à domicile ou en point Mondial Relay estimée à partir du 23 septembre
      Cet article sera commandé chez un fournisseur et vous sera envoyé 21 jours après la date de votre commande.
    • Retrait Click and Collect en magasin gratuit
  • Nombre de pages128
  • PrésentationBroché
  • Poids0.212 kg
  • Dimensions17,0 cm × 22,0 cm × 0,7 cm
  • ISBN979-10-418-1210-3
  • EAN9791041812103
  • Date de parution16/06/2023
  • ÉditeurCulturea

Résumé

ROSA Haced alto en el llano desa falda que Manzanares pinta de esmeralda ; ligad esos cristianos a esos troncos, cesen los parches de quejarse roncos al eco más vecino de los azotes del porfiado pino ; aqueste es Manzanares, aquel río que de las sierras de Castilla frío baja a Madrid tan quedo, que se conoce que me tiene miedo ; Branigal, un arroyo que recrea a Branigal su convecina aldea, se entra, renglón de plata, en Manzanares, y Manzanares en Jarama y Nares, y todos tres por uno y otro atajo, porque es nuestro, le dan tributo al Tajo.
Aquella puerta que de aquí se advierte, cuya muralla fuerte a la media región del aire llega, es la que llaman Puerta de la Vega ; esta playa, que besa el cristal frío, es una tela que tramó el estío con distintos colores, de un verde raso que es raso de flores ; Manzanares humilde pone coto a esa tela florida y a ese soto ; y yo desde Toledo desta suerte, para vengar de Aben-Jucef la muerte, mi ya perdido hermano, contándole su muerte al aire vano, vengo a vengarle con valor impío en los troncos, que son hijos del río, en las aves que pueblan todo el viento, en los peces que cría ese elemento, y en el que halláre caminante errado, desierto a mi piedad por el poblado.
En esta isla (¡oh pese a mi tardanza ! ) rompió la de su pecho errada lanza, que no le hubiera muerto hasta que le buscara con acierto ; como villanas, esas verdes plantas de su coral tineron las gargantas ; aquel eco, que nunca la voz deja, repitió las razones de su queja ; pues aves, prado, monte pasajero, han de asustarse al golpe de mi acero ; vegas, flores y plantas, eco y río, la ira han de temer de mi albedrío ; y pues que Rosa soy, la valerosa, teman de las espinas de la Rosa.