Una decisión. Treinta días. Un imperio... o su libertad. Stella Maxwell baja de un avión en Lagos después de diez años de ausencia, en una mañana gris y lluviosa. No vuelve a despedirse de nadie. Vuelve a reclamar lo que es suyo. Su padre ha muerto, y con él, un imperio de 2.300 millones de dólares la espera. Solo tiene que firmar. Hasta que lee la cláusula. Casarse antes de treinta días. O perderlo todo frente a la junta directiva.
Así comienza una historia hecha de contratos y confesiones, de papeles firmados y momentos que nadie debería haber compartido: Stella, filosa como un cuchillo y con el corazón bien guardado bajo llave, se atreve a hacer lo más peligroso que una mujer como ella puede hacer. Le propone matrimonio a un extraño. Jason Khalid se hizo a sí mismo desde cero. Es frío, calculador, y arrastra heridas que jamás ha puesto en palabras.
El acuerdo entre ellos es simple: limpio, temporal, estratégico. Pero ninguna estrategia explica la forma en que él la mira. Y nada la prepara para lo que pasa cuando fingir empieza a sentirse como lo más real que ninguno de los dos ha vivido jamás.
Una decisión. Treinta días. Un imperio... o su libertad. Stella Maxwell baja de un avión en Lagos después de diez años de ausencia, en una mañana gris y lluviosa. No vuelve a despedirse de nadie. Vuelve a reclamar lo que es suyo. Su padre ha muerto, y con él, un imperio de 2.300 millones de dólares la espera. Solo tiene que firmar. Hasta que lee la cláusula. Casarse antes de treinta días. O perderlo todo frente a la junta directiva.
Así comienza una historia hecha de contratos y confesiones, de papeles firmados y momentos que nadie debería haber compartido: Stella, filosa como un cuchillo y con el corazón bien guardado bajo llave, se atreve a hacer lo más peligroso que una mujer como ella puede hacer. Le propone matrimonio a un extraño. Jason Khalid se hizo a sí mismo desde cero. Es frío, calculador, y arrastra heridas que jamás ha puesto en palabras.
El acuerdo entre ellos es simple: limpio, temporal, estratégico. Pero ninguna estrategia explica la forma en que él la mira. Y nada la prepara para lo que pasa cuando fingir empieza a sentirse como lo más real que ninguno de los dos ha vivido jamás.