25 de julio de 1981. Un Douglas DC-3 con matrícula HK-772 despega de Villavicencio rumbo a Carurú, en la selva del Vaupés colombiano. A bordo van nueve personas y quince tambores de gasolina. Lo que debería ser un vuelo rutinario se convierte en tragedia cuando una maniobra de exhibición termina en las copas de los árboles. De los nueve ocupantes, cinco sobreviven. Cuatro no regresan. Esta es la crónica en primera persona de uno de los sobrevivientes.
Un relato sin ficción sobre la aviación colombiana de los años ochenta: los DC-3 que heredamos de la Segunda Guerra Mundial, las pistas de tierra en la selva, los pilotos que volaban por referencia visual y los negocios que se hacían en territorios donde el Estado nunca llegó. Pero más allá del accidente, esta es una historia sobre la memoria del cuerpo, sobre el azar que decide quién vuelve a casa y quién no, y sobre lo que significa volver a volar después de haber tocado el borde de todo.
Una lectura obligada para quienes se interesan por la historia de la aviación en América Latina, las crónicas de supervivencia y las memorias que revelan un país que ya no existe pero que dejó marcas indelebles.
25 de julio de 1981. Un Douglas DC-3 con matrícula HK-772 despega de Villavicencio rumbo a Carurú, en la selva del Vaupés colombiano. A bordo van nueve personas y quince tambores de gasolina. Lo que debería ser un vuelo rutinario se convierte en tragedia cuando una maniobra de exhibición termina en las copas de los árboles. De los nueve ocupantes, cinco sobreviven. Cuatro no regresan. Esta es la crónica en primera persona de uno de los sobrevivientes.
Un relato sin ficción sobre la aviación colombiana de los años ochenta: los DC-3 que heredamos de la Segunda Guerra Mundial, las pistas de tierra en la selva, los pilotos que volaban por referencia visual y los negocios que se hacían en territorios donde el Estado nunca llegó. Pero más allá del accidente, esta es una historia sobre la memoria del cuerpo, sobre el azar que decide quién vuelve a casa y quién no, y sobre lo que significa volver a volar después de haber tocado el borde de todo.
Una lectura obligada para quienes se interesan por la historia de la aviación en América Latina, las crónicas de supervivencia y las memorias que revelan un país que ya no existe pero que dejó marcas indelebles.