Hay heridas que no cura el tiempo, sino las historias que nos atrevemos a vivir. Para Carlos Estrada, la vida en el interior de Misiones siempre fue una balanza tensa entre la disciplina inflexible de un padre abnegado, la obsesión de una madre por las apariencias y la sombra inalcanzable de un hermano perfecto. Licenciado en Letras por rebeldía y novelista por necesidad de respirar, Carlos creía que la libertad era un horizonte que se podía comprar con cien mil dólares, un departamento viejo en San Telmo y una máquina de escribir.
Sin embargo, la gran ciudad no es un refugio para los soñadores; es una bestia de cemento que devora la inocencia sin pestañear. Al huir del luto y del rechazo familiar con destino a Buenos Aires, Carlos busca perderse en la bohemia de las calles de la Capital. Pero el destino tiene preparado un descenso a los infiernos más crudo que el de cualquiera de sus ficciones. En una vorágine donde el amor se viste de traición, el dinero se esfuma entre caricias manipuladas y la desesperación amenaza con apretar el gatillo de sus miedos más oscuros, Carlos descubrirá que el trabajo más duro no se hace sobre la tierra roja, sino en las ruinas del propio corazón.
Acompañado por la sabiduría trágica de un viejo encargado de edificio, el refugio impensado de una pizzería de barrio y la fe intacta de una pequeña editorial independiente, Carlos lucha por mantenerse en pie bajo la máxima que rige su nuevo destino: Ni retirada, ni rendición. Lo que él no sabe es que la vida no se escribe con trazos de planificación. Justo cuando cree haber aprendido las reglas del juego entre amantes efímeras, promesas rotas y encuentros fugaces bajo el sol del Obelisco, la verdad irrumpe en su puerta con un nombre que cambiará el color de su existencia para siempre: Prudence.
La llegada inesperada de la hija que jamás supo que tenía no solo destruirá los últimos vestigios de su antigua libertad, sino que lo obligará a responder la pregunta que su padre le dejó grabada a fuego entre el humo de su cigarrillo de tabaco negro: ¿Es posible ser el héroe de tu propia historia cuando el pasado exige cuentas que no se pueden pagar con dinero?
Hay heridas que no cura el tiempo, sino las historias que nos atrevemos a vivir. Para Carlos Estrada, la vida en el interior de Misiones siempre fue una balanza tensa entre la disciplina inflexible de un padre abnegado, la obsesión de una madre por las apariencias y la sombra inalcanzable de un hermano perfecto. Licenciado en Letras por rebeldía y novelista por necesidad de respirar, Carlos creía que la libertad era un horizonte que se podía comprar con cien mil dólares, un departamento viejo en San Telmo y una máquina de escribir.
Sin embargo, la gran ciudad no es un refugio para los soñadores; es una bestia de cemento que devora la inocencia sin pestañear. Al huir del luto y del rechazo familiar con destino a Buenos Aires, Carlos busca perderse en la bohemia de las calles de la Capital. Pero el destino tiene preparado un descenso a los infiernos más crudo que el de cualquiera de sus ficciones. En una vorágine donde el amor se viste de traición, el dinero se esfuma entre caricias manipuladas y la desesperación amenaza con apretar el gatillo de sus miedos más oscuros, Carlos descubrirá que el trabajo más duro no se hace sobre la tierra roja, sino en las ruinas del propio corazón.
Acompañado por la sabiduría trágica de un viejo encargado de edificio, el refugio impensado de una pizzería de barrio y la fe intacta de una pequeña editorial independiente, Carlos lucha por mantenerse en pie bajo la máxima que rige su nuevo destino: Ni retirada, ni rendición. Lo que él no sabe es que la vida no se escribe con trazos de planificación. Justo cuando cree haber aprendido las reglas del juego entre amantes efímeras, promesas rotas y encuentros fugaces bajo el sol del Obelisco, la verdad irrumpe en su puerta con un nombre que cambiará el color de su existencia para siempre: Prudence.
La llegada inesperada de la hija que jamás supo que tenía no solo destruirá los últimos vestigios de su antigua libertad, sino que lo obligará a responder la pregunta que su padre le dejó grabada a fuego entre el humo de su cigarrillo de tabaco negro: ¿Es posible ser el héroe de tu propia historia cuando el pasado exige cuentas que no se pueden pagar con dinero?