Pesadillas de un hombre urbano es una obra ambiciosa. Muy ambiciosa. En ella se plantea reflexiones y especulaciones filosóficas de trascendencia, en torno a temas ambientales, científicos, políticos y existenciales. Varios de los cuentos ocurren en tiempos y espacios remotos: en un lejano futuro o en otros planetas. Casi sin excepción, hacen referencia a hipótesis o posibilidades que alguna vez han acechado la mente de cualquier persona pensante: ¿Podrá el hombre adaptarse al deterioro ambiental y al cambio climático? ¿Cuándo terminará el mundo? ¿Existirá la posibilidad de migrar a otros planetas? ¿Podremos colonizarlos o, por el contrario, estarán poblados de seres hostiles, de los que tendremos que defendernos? O, más terrenalmente, ¿qué pasaría si empieza a emerger un volcán en medio de una ciudad? ¿Cuál es el destino de los seres inadaptados o excéntricos? Todas esas preguntas dan origen a narraciones que fluyen ordenadamente, en prosa clara y precisa, sin sobresaltos, como las aguas de un canal sereno.
Carlos Francisco Echeverría Salgado
Pesadillas de un hombre urbano es una obra ambiciosa. Muy ambiciosa. En ella se plantea reflexiones y especulaciones filosóficas de trascendencia, en torno a temas ambientales, científicos, políticos y existenciales. Varios de los cuentos ocurren en tiempos y espacios remotos: en un lejano futuro o en otros planetas. Casi sin excepción, hacen referencia a hipótesis o posibilidades que alguna vez han acechado la mente de cualquier persona pensante: ¿Podrá el hombre adaptarse al deterioro ambiental y al cambio climático? ¿Cuándo terminará el mundo? ¿Existirá la posibilidad de migrar a otros planetas? ¿Podremos colonizarlos o, por el contrario, estarán poblados de seres hostiles, de los que tendremos que defendernos? O, más terrenalmente, ¿qué pasaría si empieza a emerger un volcán en medio de una ciudad? ¿Cuál es el destino de los seres inadaptados o excéntricos? Todas esas preguntas dan origen a narraciones que fluyen ordenadamente, en prosa clara y precisa, sin sobresaltos, como las aguas de un canal sereno.
Carlos Francisco Echeverría Salgado