Alan calcula cada minuto de su viaje a casa como una ecuación exacta: el trasbordo, la cena que se enfría si el tren se atrasa. Esta noche, el tren no se detiene en su estación. Lo que empieza como un error de rutina lo hunde en un metro sin horario ni salida: trenes cada vez más oscuros, oficiales que envejecen entre un encuentro y el siguiente, ventanas que ya no muestran túneles, sino algo que respira en la negrura.
En un andén sin nombre encuentra a otros como él, ya rendidos hace tiempo. Él todavía no. Pero hay una última línea que nadie se atreve a tomar. Línea Cero: un descenso claustrofóbico para leer de una sola sentada. No vas a ver un metro de la misma forma.
Alan calcula cada minuto de su viaje a casa como una ecuación exacta: el trasbordo, la cena que se enfría si el tren se atrasa. Esta noche, el tren no se detiene en su estación. Lo que empieza como un error de rutina lo hunde en un metro sin horario ni salida: trenes cada vez más oscuros, oficiales que envejecen entre un encuentro y el siguiente, ventanas que ya no muestran túneles, sino algo que respira en la negrura.
En un andén sin nombre encuentra a otros como él, ya rendidos hace tiempo. Él todavía no. Pero hay una última línea que nadie se atreve a tomar. Línea Cero: un descenso claustrofóbico para leer de una sola sentada. No vas a ver un metro de la misma forma.