Una tortuga sale por la rendija del portón una tarde dorada y sin apuro. Nadie la ve salir. Delante de ella hay una cuadra -su primera cuadra, su única cuadra- y a lo largo de esa cuadra el mundo le va mostrando, con la indiferencia brutal que tienen las cosas grandes ante las cosas pequeñas, todo lo que ella nunca va a poder ser. Un hornero. Un sapo. Una lagartija. Un caracol. Una mariposa. Una hoja seca.
Dos hormigas. Y al final, su propia sombra. La tortuga que no se llamó Manuelita es un cuento sobre la conciencia de los límites, sobre la diferencia entre la lentitud como velocidad y la lentitud como condena, y sobre esa distancia cruel que existe entre reconocerse y poder cambiarse. Es también un homenaje invertido a Manuelita, la tortuga inmortal de María Elena Walsh que soñó con París y volvió hermosa.
Esta tortuga no vuelve. Escrito en un registro deliberadamente literario y austero por Máximo Bence -autor de Cuando el viento nos apelotona- este cuento breve es una exploración de una voz nueva: más quieta, más distante, más dispuesta a dejar que las cosas duelan sin explicarlas.
Una tortuga sale por la rendija del portón una tarde dorada y sin apuro. Nadie la ve salir. Delante de ella hay una cuadra -su primera cuadra, su única cuadra- y a lo largo de esa cuadra el mundo le va mostrando, con la indiferencia brutal que tienen las cosas grandes ante las cosas pequeñas, todo lo que ella nunca va a poder ser. Un hornero. Un sapo. Una lagartija. Un caracol. Una mariposa. Una hoja seca.
Dos hormigas. Y al final, su propia sombra. La tortuga que no se llamó Manuelita es un cuento sobre la conciencia de los límites, sobre la diferencia entre la lentitud como velocidad y la lentitud como condena, y sobre esa distancia cruel que existe entre reconocerse y poder cambiarse. Es también un homenaje invertido a Manuelita, la tortuga inmortal de María Elena Walsh que soñó con París y volvió hermosa.
Esta tortuga no vuelve. Escrito en un registro deliberadamente literario y austero por Máximo Bence -autor de Cuando el viento nos apelotona- este cuento breve es una exploración de una voz nueva: más quieta, más distante, más dispuesta a dejar que las cosas duelan sin explicarlas.