Cuando Mara se retira a un pueblo costero para recuperarse de una relación rota y del agotamiento, espera soledad, no conexión. Alquilar una cabaña junto al mar, gastada por el tiempo, para pasar el verano implica aceptar una única condición impuesta por su reservada arrendadora, Elise: nada de apegos. Pero el verano tiene una forma de aflojar las reglas. A medida que los días largos dan paso a comidas compartidas, conversaciones sin defensas y una reconstrucción lenta de la confianza, Mara empieza a sentir algo que no había sentido en años: presencia.
Elise, marcada por un desamor pasado que le enseñó que el amor se va, se resiste a lo que está creciendo entre ellas, incluso mientras lo desea.
Cuando Mara se retira a un pueblo costero para recuperarse de una relación rota y del agotamiento, espera soledad, no conexión. Alquilar una cabaña junto al mar, gastada por el tiempo, para pasar el verano implica aceptar una única condición impuesta por su reservada arrendadora, Elise: nada de apegos. Pero el verano tiene una forma de aflojar las reglas. A medida que los días largos dan paso a comidas compartidas, conversaciones sin defensas y una reconstrucción lenta de la confianza, Mara empieza a sentir algo que no había sentido en años: presencia.
Elise, marcada por un desamor pasado que le enseñó que el amor se va, se resiste a lo que está creciendo entre ellas, incluso mientras lo desea.