La casa de Bernarda Alba es un muro de silencio, luto y autoridad tras el que cinco hermanas luchan por sobrevivir a su propia juventud. Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda encierra a sus hijas entre paredes blanquísimas, convencida de que el honor y la moral se defienden con la reclusión. Pero fuera quedan los rumores del pueblo, el calor sofocante del verano andaluz y, sobre todo, la figura de Pepe el Romano: el único hombre capaz de desatar todas las pasiones.
Angustias lo poseerá por derecho de herencia, Martirio lo deseará en secreto y Adela, la más joven, estará dispuesta a todo -incluso a romper el bastón de su madre- por alcanzar la libertad que él representa.
Lorca despliega aquí un « realismo poético » de una intensidad sobrecogedora. La palabra se hace acción, el silencio se convierte en personaje y cada elemento escénico -el calor sofocante, el blanco de las paredes que muda de tono, los caballos que golpean la tierra- funciona como un símbolo de la opresión y el ansia de libertad.
La casa de Bernarda Alba trasciende su tiempo para erigirse en un retrato universal y atemporal del conflicto entre la autoridad y el deseo, entre lo que se dice y lo que se calla, entre la vida que pugna por abrirse paso y la muerte que impone su silencio.
Considerada la cumbre del teatro español del siglo XX, esta obra escrita meses antes del asesinato de Lorca es mucho más que un drama rural: es una exploración desgarradora de la tiranía, la envidia y el deseo femenino silenciado.
Una tragedia que, como el bastón de Bernarda, golpea con la fuerza de un verso y la verdad de un documental.
La casa de Bernarda Alba es un muro de silencio, luto y autoridad tras el que cinco hermanas luchan por sobrevivir a su propia juventud. Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda encierra a sus hijas entre paredes blanquísimas, convencida de que el honor y la moral se defienden con la reclusión. Pero fuera quedan los rumores del pueblo, el calor sofocante del verano andaluz y, sobre todo, la figura de Pepe el Romano: el único hombre capaz de desatar todas las pasiones.
Angustias lo poseerá por derecho de herencia, Martirio lo deseará en secreto y Adela, la más joven, estará dispuesta a todo -incluso a romper el bastón de su madre- por alcanzar la libertad que él representa.
Lorca despliega aquí un « realismo poético » de una intensidad sobrecogedora. La palabra se hace acción, el silencio se convierte en personaje y cada elemento escénico -el calor sofocante, el blanco de las paredes que muda de tono, los caballos que golpean la tierra- funciona como un símbolo de la opresión y el ansia de libertad.
La casa de Bernarda Alba trasciende su tiempo para erigirse en un retrato universal y atemporal del conflicto entre la autoridad y el deseo, entre lo que se dice y lo que se calla, entre la vida que pugna por abrirse paso y la muerte que impone su silencio.
Considerada la cumbre del teatro español del siglo XX, esta obra escrita meses antes del asesinato de Lorca es mucho más que un drama rural: es una exploración desgarradora de la tiranía, la envidia y el deseo femenino silenciado.
Una tragedia que, como el bastón de Bernarda, golpea con la fuerza de un verso y la verdad de un documental.