Adrián Varela trabaja en un sector que no existe. Su especialidad: borrar identidades digitales. Limpiar pasados. Eliminar personas. No hace preguntas. Nunca lo ha hecho. Hasta que llega un encargo sin origen. Un cliente sin historial. Una identidad que alguien ha pagado por eliminar pero que, según todos los sistemas, nunca existió. Adrián empieza a investigar. Lo que encuentra no tiene sentido. Personas que han desaparecido sin dejar rastro.
Familias que juran que alguien vivió con ellas pero no pueden demostrarlo. Registros que se modifican solos. Y entonces ocurre. Su propio nombre desaparece de un archivo secundario. Un fallo menor. Recuperable. O eso cree. Identity Zero no es una historia sobre morir. Es una historia sobre algo peor: desaparecer sin que nadie se pregunte qué pasó. Sin pruebas. Sin rastro. Sin que el sistema registre ningún error.
Porque el sistema no falla.
Adrián Varela trabaja en un sector que no existe. Su especialidad: borrar identidades digitales. Limpiar pasados. Eliminar personas. No hace preguntas. Nunca lo ha hecho. Hasta que llega un encargo sin origen. Un cliente sin historial. Una identidad que alguien ha pagado por eliminar pero que, según todos los sistemas, nunca existió. Adrián empieza a investigar. Lo que encuentra no tiene sentido. Personas que han desaparecido sin dejar rastro.
Familias que juran que alguien vivió con ellas pero no pueden demostrarlo. Registros que se modifican solos. Y entonces ocurre. Su propio nombre desaparece de un archivo secundario. Un fallo menor. Recuperable. O eso cree. Identity Zero no es una historia sobre morir. Es una historia sobre algo peor: desaparecer sin que nadie se pregunte qué pasó. Sin pruebas. Sin rastro. Sin que el sistema registre ningún error.
Porque el sistema no falla.