En una Messina al borde del colapso, mientras los barcos descargan riquezas traídas de Oriente, Thomas Ward registra con precisión aquello que nadie quiere ver: la muerte tiene patrón. Viudo, padre reciente de un hijo enterrado dos veces, Ward ha decidido que la fe no salvará a nadie. Solo los hechos. Solo la anatomía. Solo la observación fría de un enemigo invisible que ya camina por las calles. Mientras la ciudad reza, comercia y niega, Ward sigue el rastro de los bubones, de los cuerpos que caen en minutos, de los barcos que traen más que seda y trigo.
Cada anotación en su cuaderno confirma lo inevitable: la puerta está abierta y nadie quiere cerrarla. Pero cuando comprenda finalmente cómo se propaga la plaga. la pregunta ya no será cómo detenerla, sino a quién está dispuesto a sacrificar para intentarlo.
En una Messina al borde del colapso, mientras los barcos descargan riquezas traídas de Oriente, Thomas Ward registra con precisión aquello que nadie quiere ver: la muerte tiene patrón. Viudo, padre reciente de un hijo enterrado dos veces, Ward ha decidido que la fe no salvará a nadie. Solo los hechos. Solo la anatomía. Solo la observación fría de un enemigo invisible que ya camina por las calles. Mientras la ciudad reza, comercia y niega, Ward sigue el rastro de los bubones, de los cuerpos que caen en minutos, de los barcos que traen más que seda y trigo.
Cada anotación en su cuaderno confirma lo inevitable: la puerta está abierta y nadie quiere cerrarla. Pero cuando comprenda finalmente cómo se propaga la plaga. la pregunta ya no será cómo detenerla, sino a quién está dispuesto a sacrificar para intentarlo.