En una ciudad donde el dolor ha sido erradicado por ley, llorar en público es una anomalía. Shirayuki Aoi trabaja como técnica en el Centro de Regulación Emocional, una institución encargada de mantener la estabilidad social mediante implantes que suprimen las emociones extremas. A diferencia de casi todos, Aoi no lleva implante. Su sensibilidad -considerada una falla del sistema- le permite percibir algo que las máquinas ignoran: las emociones no desaparecen, solo se acumulan.
Cuando una serie de llantos inexplicables comienza a manifestarse en calles, vagones de metro y barrios específicos, Aoi descubre un patrón inquietante: el sistema que prometía salvar a la humanidad podría estar almacenando recuerdos y dolor como residuos invisibles. Su investigación la lleva a un secreto enterrado en los archivos del Estado. y a una verdad devastadora ligada directamente a su propio pasado familiar.
En una ciudad donde el dolor ha sido erradicado por ley, llorar en público es una anomalía. Shirayuki Aoi trabaja como técnica en el Centro de Regulación Emocional, una institución encargada de mantener la estabilidad social mediante implantes que suprimen las emociones extremas. A diferencia de casi todos, Aoi no lleva implante. Su sensibilidad -considerada una falla del sistema- le permite percibir algo que las máquinas ignoran: las emociones no desaparecen, solo se acumulan.
Cuando una serie de llantos inexplicables comienza a manifestarse en calles, vagones de metro y barrios específicos, Aoi descubre un patrón inquietante: el sistema que prometía salvar a la humanidad podría estar almacenando recuerdos y dolor como residuos invisibles. Su investigación la lleva a un secreto enterrado en los archivos del Estado. y a una verdad devastadora ligada directamente a su propio pasado familiar.