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Claras Palabras Proféticas: La Profecía Hecha Historia. Profecías Bíblicas, #2
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- FormatePub
- ISBN978-1-393-87730-1
- EAN9781393877301
- Date de parution19/03/2021
- Protection num.pas de protection
- Infos supplémentairesepub
- ÉditeurRelay Publishing
Résumé
Predecir el futuro es una obsesión humana. Las empresas invierten recursos en los servicios de analistas que identifican las tendencias calientes. Los científicos diseñan complejos modelos matemáticos que pueden ser usados para predecir eventos en el mundo y el universo. Los filósofos y sociólogos contemplan el futuro de la humanidad. Y, multitudes de hombres y mujeres consultan a los médium, adivinos y astrólogos en la esperanza vana de que sus pronósticos sirvan de algo para orientar sus vidas y guiarles en sus decisiones.
El futuro, se ha dicho, es buen negocio. Pero aunque el futuro nos interesa grandemente, lo entendemos muy poco. La incapacidad de los políticos, comentaristas y supuestos profetas para anticipar la continua turbulencia financiera es solamente una evidencia reciente de nuestra inhabilidad para predecir el curso de los eventos venideros, o la naturaleza y la magnitud que tendrán. Una y otra vez, pronósticos pronunciados confiadamente han resultado ser embarazosos para sus autores equivocados.
Muchas veces se ha visto el estudio de la profecía como una ocupación para los excéntricos, creyendo que conviene dejarlo para las personas un tanto desviadas mentalmente. Es difícil excusar o explicar esta percepción, y es dañino para cualquier creyente que aspira lograr una comprensión equilibrada y adecuada de la Palabra de Dios.
El futuro, se ha dicho, es buen negocio. Pero aunque el futuro nos interesa grandemente, lo entendemos muy poco. La incapacidad de los políticos, comentaristas y supuestos profetas para anticipar la continua turbulencia financiera es solamente una evidencia reciente de nuestra inhabilidad para predecir el curso de los eventos venideros, o la naturaleza y la magnitud que tendrán. Una y otra vez, pronósticos pronunciados confiadamente han resultado ser embarazosos para sus autores equivocados.
Muchas veces se ha visto el estudio de la profecía como una ocupación para los excéntricos, creyendo que conviene dejarlo para las personas un tanto desviadas mentalmente. Es difícil excusar o explicar esta percepción, y es dañino para cualquier creyente que aspira lograr una comprensión equilibrada y adecuada de la Palabra de Dios.























