Si tienes este libro, sabes que guiar a alguien cuando uno mismo aún descifra el camino es aterrador. No nos conocemos, pero compartimos la misma trinchera. Escribí estas páginas para mi hijo bajo una premisa: lo que yo tengo de padre, él lo tiene de hijo; y en ese espejo he tenido que aprender a ser el hombre que quiero que él llegue a ser. Este libro es el puente entre mi experiencia y la suya.
Te adelanto lo que encontrarás tras el plástico: descubrirás que la justicia no se recibe, se modela con integridad; que un "perdón" dicho desde nuestra autoridad sana más que mil sermones, y que el camino corto suele ser donde un joven pierde su esencia. No busques a un experto; busca a un compañero que entiende que nuestra labor no es evitarles las caídas, sino enseñarles a levantarse con dignidad.
Aquí no hay espacio para la queja, sino para la complicidad. Son cien lecciones que nacieron para llenar silencios antiguos, transformando lo que faltó en herramientas útiles para tus hijos, alumnos o protegidos. Hay humor para bajar la guardia y verdad para esos días donde parece que no hablamos el mismo idioma. Llévatelo si quieres conectar desde el corazón y no desde el regaño. Subraya las páginas, mánchalas de café o arranca una hoja para ese muchacho que hoy no te escucha, pero necesita una brújula.
Todos queremos que ellos lleguen más lejos; lo mínimo que podemos hacer es compartir los apuntes del camino. Nos vemos adentro.
Si tienes este libro, sabes que guiar a alguien cuando uno mismo aún descifra el camino es aterrador. No nos conocemos, pero compartimos la misma trinchera. Escribí estas páginas para mi hijo bajo una premisa: lo que yo tengo de padre, él lo tiene de hijo; y en ese espejo he tenido que aprender a ser el hombre que quiero que él llegue a ser. Este libro es el puente entre mi experiencia y la suya.
Te adelanto lo que encontrarás tras el plástico: descubrirás que la justicia no se recibe, se modela con integridad; que un "perdón" dicho desde nuestra autoridad sana más que mil sermones, y que el camino corto suele ser donde un joven pierde su esencia. No busques a un experto; busca a un compañero que entiende que nuestra labor no es evitarles las caídas, sino enseñarles a levantarse con dignidad.
Aquí no hay espacio para la queja, sino para la complicidad. Son cien lecciones que nacieron para llenar silencios antiguos, transformando lo que faltó en herramientas útiles para tus hijos, alumnos o protegidos. Hay humor para bajar la guardia y verdad para esos días donde parece que no hablamos el mismo idioma. Llévatelo si quieres conectar desde el corazón y no desde el regaño. Subraya las páginas, mánchalas de café o arranca una hoja para ese muchacho que hoy no te escucha, pero necesita una brújula.
Todos queremos que ellos lleguen más lejos; lo mínimo que podemos hacer es compartir los apuntes del camino. Nos vemos adentro.